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Los drones luchan contra el cambio climático

La deforestación es una de las principales culpables del cambio climático: al reducirse el número de árboles, también se ha visto mermada la cantidad el CO2 absorbida. Por ende, ese gas que no ha sido utilizado para la fotosíntesis ha ido acumulandose en la atmósfera, calentando aún más nuestro planeta. Pero los drones suponen una nueva esperanza para la lucha a favor del medioambiente.

Cualidades y ventajas del uso de drones

Estas pequeñas naves auto-tripuladas poseen una serie de prestaciones que las colocan muy por encima de las capacidades de un ser humano para realizar ciertas actividades. Por ejemplo, de cara a las investigaciones para combatir el deterioro del medioambiente, el uso de drones resulta un método de un coste muy bajo.

Por otra parte, gracias a los drones, podemos alcanzar lugares remotos, peligrosos y/o inalcanzables para las personas. Además, el análisis de estas extensiones se puede realizar incluso a escala de centímetros —lo cual resulta vital para estudiar las condiciones de formas de vida más pequeñas—.

Los drones también cuentan con prodigios tecnológicos como cámaras termográficas, dispositivos que son capaces de disparar una gran cantidad de semillas a una velocidad enorme o un software de inteligencia artificial que les permite, entre otras cosas, realizar análisis de la fertilidad del terreno.

Proyectos de investigación

En muchas zonas, la tecnología de los drones ya se ha puesto en práctica para combatir los efectos y las causas del cambio climático. Por ejemplo, en Escocia se realizó una investigación —en colaboración con la Universidad de Birmingham— como respuesta ante los efectos que se derivaban de la subida de temperatura de los ríos y su carácter nocivo para algunas especies —como el salmón y la trucha marrón—.

En resumen, la investigación contemplaba el uso de drones y cámaras termográficas para analizar de forma exacta los lugares perfectos —y los más calurosos— para plantar árboles y, de ese modo, reducir la temperatura del agua de los ríos. Esto se conoce como plantación controlada de vegetación, una técnica cuya efectividad puede multiplicarse gracias a estas pequeñas naves auto-tripuladas.

Como parte de la investigación, un dron sobrevoló y analizó la vegetación a lo largo de la orilla del río Dee, en Aberdeenshire, al noreste de territorio escocés.

Pero además del aumento de la temperatura de los ríos, la plantación de árboles también puede ayudar a aumentar la masa forestal y combatir el cambio climático, la desertización, etc. Lauren Fletcher, CEO de Bio Carbon Engineering, apuesta por el uso de los drones para plantar una enorme cantidad de árboles por año y luchar contra la deforestación, el aumento de los niveles de gases de efecto invernadero o el aumento de la temperatura.

El proyecto de plantación sería muy parecido a la utilización de bombas de racimo para sembrar vegetación en terrenos áridos. En este caso, los drones cargarían unas cápsulas repletas de semillas pregerminadas, cubiertas de un gel con nutrientes, que irían disparando mientras sobrevolasen el terreno, estudiando su fertilidad.

Como resultado de la aplicación de esta tecnología, se ha conseguido rehabilitar las minas abandonadas de la región de Nueva Gales del Sur, aumentando el número de terrenos aptos para la agricultura. Esto resulta muy esperanzador porque plantar árboles también acarrea beneficios nutricionales para la tierra. Con este tipo de operaciones podrían alimentarse hasta 200 millones de seres humanos.

Los drones también resultan muy útiles para inspeccionar instalaciones como huertos solares y comprobar de forma rápida, segura y barata su buen funcionamiento, con el fin de garantizar su correcta producción de energía renovable.

También se utiliza esta novedosa tecnología para estudiar el cambio climático en el Ártico —los efectos son más fuertes en dicha zona—. De ese modo, un grupo de científicos alemanes se sirvió de los drones —equipados con sensores especiales— para analizar las capas de aire junto a la superficie y encontrar nuevas partículas.

En conclusión, podemos comprobar cómo el uso de drones supone el maridaje perfecto entre el avance de las nuevas tecnologías y la defensa del medioambiente, dos términos que parecían destinados enfrentarse eternamente.