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Gas ruso y energía en Europa, qué compra España y a quién

En los últimos años, el suministro de gas natural se ha convertido en uno de los ejes centrales del debate energético en Europa. La invasión rusa a Ucrania en 2022 reconfiguró por completo las relaciones energéticas del continente, y puso sobre la mesa una cuestión clave: ¿puede Europa garantizar su seguridad energética sin depender del gas ruso? En este contexto, España ocupa una posición peculiar. Aunque geográficamente más alejada de los gasoductos que conectan con Rusia, el país también se ha visto afectado por las fluctuaciones del mercado, las tensiones internacionales y la necesidad urgente de acelerar la transición energética.Además, la interdependencia energética ha revelado la vulnerabilidad de los países europeos ante conflictos geopolíticos que afectan el suministro. El caso del gas ruso es uno de los más evidentes, ya que históricamente ha sido uno de los pilares del consumo energético del continente. Sin embargo, en la actualidad, los países están diversificando sus fuentes de abastecimiento, invirtiendo en energías renovables y buscando reducir riesgos en la cadena de suministro. ¿Dónde queda España en este escenario? ¿Qué papel juega el gas ruso en el mix energético nacional y europeo? ¿Cómo impacta esta situación en el bolsillo del consumidor español?

¿De dónde viene el gas de Europa?

Europa ha sido históricamente dependiente del gas natural como una fuente clave para su calefacción, generación eléctrica y procesos industriales. Antes del estallido del conflicto entre Rusia y Ucrania, alrededor del 40% del gas consumido en Europa provenía de Rusia, lo que situaba al país euroasiático como el principal proveedor del continente. Este gas llegaba en su mayoría a través de gasoductos como Nord Stream, Yamal-Europa y Brotherhood, que conectan directamente los yacimientos rusos con Europa Central y Occidental.Además del suministro ruso, Europa también importa gas de otros países como Argelia, Noruega, Catar y Estados Unidos, siendo estos últimos especialmente relevantes por el incremento del GNL (Gas Natural Licuado) como alternativa al gas por tubería. El GNL permite diversificar proveedores, aunque requiere infraestructura específica como plantas de regasificación, puertos y logística.En este mapa de dependencias, los países del norte y este de Europa han sido históricamente más dependientes del gas ruso, mientras que los países del sur, como España, han contado con otras fuentes de aprovisionamiento, como Argelia a través del gasoducto Medgaz, o mediante la importación de GNL desde diferentes partes del mundo.

Gas ruso y Ucrania: el impacto de los gasoductos

La guerra en Ucrania marcó un punto de inflexión en la relación energética entre Rusia y Europa. Muchos de los gasoductos que transportaban gas ruso cruzaban territorio ucraniano. Tras la invasión de 2022, el tránsito de gas a través de Ucrania se redujo significativamente, afectando a países del centro y este del continente.Uno de los gasoductos más importantes era el llamado Brotherhood, que transportaba gas desde Rusia hacia Europa a través de Ucrania. Pese al conflicto, durante los primeros meses de guerra, Rusia siguió exportando gas por esta vía, aunque en volúmenes cada vez menores, hasta que finalmente los flujos se redujeron a mínimos históricos.Otro punto crítico fue la explosión en el gasoducto Nord Stream 1 en septiembre de 2022, que dejó inhabilitada una de las principales arterias del gas ruso hacia Alemania. Esto no solo supuso un desafío logístico para el abastecimiento energético, sino que generó una escalada de precios que tuvo un fuerte impacto en toda la economía europea.El corte del suministro ruso por estas vías obligó a muchos países a buscar soluciones alternativas de manera urgente. En este sentido, se produjo una carrera por asegurar contratos de suministro de GNL, ampliar la capacidad de almacenamiento y fortalecer las interconexiones entre países miembros de la UE para compartir recursos.

España compra gas a Rusia y en qué cantidad

Aunque tradicionalmente España no ha sido tan dependiente del gas ruso como otros países europeos, en los últimos años ha aumentado sus compras a Rusia, especialmente en forma de GNL. En 2023, Rusia fue uno de los principales proveedores de gas natural licuado a España, por detrás de Argelia y Estados Unidos. Esta situación ha generado controversia, dado que la Unión Europea ha pedido a sus miembros reducir al mínimo las importaciones energéticas desde Rusia como parte de las sanciones impuestas.La razón por la que España ha comprado gas ruso es puramente económica y estratégica: el GNL ruso ha sido más competitivo en ciertos momentos del año, y el sistema español, altamente preparado para la recepción de GNL, permite aprovechar esas oportunidades. España cuenta con seis plantas de regasificación, lo que le otorga una gran capacidad de recepción y distribución de gas licuado en comparación con otros países europeos.En cifras, según datos de Enagás, España importó en 2023 cerca del 15% de su gas desde Rusia, frente al 20% de Estados Unidos y más del 25% de Argelia. Es importante destacar que esta cifra ha ido variando en función del mercado y los contratos de corto plazo, y que parte de estas importaciones son reexportadas a otros países de Europa gracias a la capacidad de regasificación española.En resumen, aunque España no depende críticamente del gas ruso, sí ha mantenido un flujo comercial con este país por razones de mercado, lo que ha generado debate político y mediático sobre la coherencia con la política energética europea.

Reservas de gas y seguridad energética en la UE

Uno de los grandes aprendizajes tras la crisis energética de 2022 ha sido la importancia de contar con reservas estratégicas de gas para garantizar el suministro durante los meses de mayor demanda, especialmente en invierno. La Unión Europea ha establecido normativas para que los países miembros almacenen un mínimo del 90% de su capacidad antes del 1 de noviembre de cada año, medida que ha demostrado ser eficaz para prevenir cortes o subidas extremas de precios.España ha jugado un papel clave en este ámbito gracias a su infraestructura. Las plantas de regasificación y los depósitos subterráneos (como los de Serrablo o Yela) han permitido alcanzar niveles de almacenamiento superiores al 95% antes del invierno de 2023, situándose entre los mejores preparados de Europa.Por otro lado, a nivel continental se han impulsado proyectos de interconexión entre países para compartir recursos en caso de emergencia. La creación del Mecanismo Europeo de Compras Conjuntas de Gas también ha permitido negociar precios más competitivos y asegurar contratos con proveedores alternativos.Además, la Unión Europea ha intensificado su inversión en energías renovables y alternativas como el hidrógeno verde, la energía solar o la bioenergía, con el objetivo de reducir la dependencia del gas fósil y mejorar la resiliencia del sistema energético europeo.

Cómo afecta el gas europeo al precio de la energía

El gas natural es uno de los factores clave en la formación del precio de la electricidad en Europa, debido a que muchas centrales eléctricas utilizan gas para generar energía. En los mercados mayoristas de electricidad, como el pool eléctrico español, el precio se establece por el sistema marginalista, lo que significa que la última tecnología en entrar (normalmente la más cara, como el gas) determina el precio de toda la energía.Esto ha provocado que, durante la crisis de suministro de gas ruso, el precio de la electricidad se disparara, incluso en países como España que no dependen directamente del gas ruso por gasoducto. El alza del gas en los mercados internacionales afectó a todos los países que compran en el mercado spot, generando una inflación energética generalizada.Además, esta situación impulsó medidas como la excepción ibérica, un mecanismo aplicado en España y Portugal que permitió limitar el impacto del gas en el precio eléctrico al establecer un tope temporal al coste del gas usado en generación eléctrica. Esta medida consiguió reducir el coste de la electricidad en momentos clave, aunque su aplicación fue temporal.La volatilidad del mercado del gas, junto con los factores geopolíticos, climáticos y logísticos, seguirá afectando al precio de la energía en Europa. Por eso, diversificar fuentes, invertir en renovables y fortalecer la infraestructura de almacenamiento y distribución es vital para evitar futuras crisis.

Perspectivas del precio del gas en Europa

De cara a los próximos meses, las previsiones sobre el precio del gas en Europa son moderadamente optimistas, aunque con algunas incertidumbres. Tras los picos de precios de 2022 y principios de 2023, los precios se han estabilizado gracias al aumento de las reservas, la diversificación de proveedores y un invierno más suave de lo esperado.Sin embargo, la dependencia de factores externos sigue siendo alta. Eventos como conflictos internacionales, fenómenos meteorológicos extremos o tensiones en el transporte marítimo pueden volver a tensionar el mercado. Por ejemplo, los recientes ataques en el Mar Rojo han puesto en jaque parte de la logística del GNL.Además, los contratos de gas a largo plazo que Europa está firmando con países como Catar o Estados Unidos tienen como objetivo ofrecer estabilidad, pero también implican compromisos que pueden frenar la transición energética si no se gestionan adecuadamente.Por otro lado, la aceleración de la inversión en renovables, el desarrollo del hidrógeno verde y el impulso a tecnologías limpias están ayudando a reducir la presión sobre el mercado del gas. Esto permitirá a medio plazo que el gas deje de ser el gran protagonista del precio energético europeo.En el caso de España, la elevada capacidad de regasificación, junto con una red sólida de transporte y una creciente apuesta por las energías limpias, permite anticipar una mayor estabilidad de precios respecto a otros países. No obstante, la vigilancia constante del mercado y la adaptación a las nuevas condiciones seguirán siendo claves.

El futuro energético de España en un contexto global

En este artículo hemos explorado el complejo escenario energético europeo en torno al gas ruso, la guerra en Ucrania y las implicaciones que todo ello tiene para España. Aunque nuestro país no depende directamente del gas ruso por gasoducto, sí ha mantenido relaciones comerciales con Rusia en forma de GNL, y ha sufrido las consecuencias de un mercado energético interconectado y volátil. Gracias a su infraestructura y política de diversificación, España se encuentra en una posición relativamente sólida, pero no exenta de riesgos ante los vaivenes internacionales.Desde ahorreluz, apostamos por informar de forma clara sobre la evolución del mercado energético y ayudarte a comparar tarifas de luz y gas para que puedas ahorrar en tu factura incluso en tiempos de incertidumbre. Recuerda que tomar decisiones informadas sobre tu consumo energético es más importante que nunca. ¿Estás preparado para optimizar tu energía en este nuevo panorama europeo?

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